REPLANTEARSE LA METODOLOGÍA
“Lograr el desarrollo integral y armónico de la personalidad del niño”. Este era el objetivo general que la LOE propuso para la Educación Infantil. Y es que, en muy poco tiempo, la educación en los primeros años de vida pasó de ser una actividad meramente asistencial, a ser plenamente educativa. Pero lo hizo con la vocación de convivencia plena de ambas concepciones. No sabemos en que momento se confundió educación con mera instrucción. Se comenzó a priorizar unos aspectos del desarrollo sobre otros, en concreto los intelectuales sobre los afectivos o sociales. Y poco a poco caímos en la trampa de poner nuestro ímpetu en “preparar” a los niños y niñas de Infantil para aprendizajes posteriores. Pero esto lo hicimos anticipando estos aprendizajes, sin tener en cuenta el momento evolutivo, madurativo y emocional, ni los aprendizajes propios de estas edades que sacrificábamos, y que difícilmente se iban a recuperar después. Pensábamos con ello que subiríamos ese tan llevado y traído nivel que nadie sabe realmente donde colocar y que en realidad cambia de lugar según convenga. Si esto ya de por si era grave, más lo era la forma de hacerlo, es decir, la metodología. No era la propia de la Educación Infantil, o sea, el juego, la acción, el movimiento y la interacción con los otros. Todo lo contrario. Niñas y niños con jornada sentados, lo más silenciosos posibles, realizando actividades individuales, manejando contenidos didácticos avanzados de forma repetitiva y memorística que en la mayoría de los casos producía el efecto contrario al deseado.
El símbolo por excelencia de la preparación de los niños y niñas para la educación obligatoria era el aprendizaje precoz de la lectura y la escritura. Pero se sacrificaron muchos aspectos del desarrollo para lograr que los/as alumnos/as aprendieran a leer y escribir cuanto antes. Porque esos aprendizajes en edades tempranas era símbolo de calidad para el centro. Pero con el paso de los años, nos encontramos con que los alumnos y alumnas fracasan en lengua, que ésta sigue siendo uno de los caballos de batalla del Sistema Educativo, y que lejos de ir mejorando, cada vez se agudizan más los problemas. Todos estamos preocupados por la situación y todos tenemos que poner de nuestra parte para darle salida. Los métodos hay que revisarlos. Apartar los que ya, curso tras curso, han demostrado su ineficacia. Necesitamos que los niños y niñas sientan una necesidad real de leer y escribir. Hacer que estos aprendizajes ocupen su lugar, pero no el de otros fundamentales en estas edades.

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